Jorge

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¿No será mejor buscar la paz que poner en jaque al mundo?

El presidente Donald Trump se dirige hacia una encrucijada inquietante en Irán.

No puede declarar honestamente la victoria; parece estar perdiendo el control de una guerra en expansión, y las consecuencias estratégicas y económicas de retirarse podrían resultar tan desastrosas como las de permanecer en el conflicto.

El profesor Robert Pape, quien ha asesorado durante más de dos décadas a presidentes de la Casa Blanca, pasó treinta años estudiando a Irán y desarrollando el plan de estudios para entrenar a la Fuerza Aérea de Estados Unidos para el tipo de guerra que hoy ocurre en ese país. Según explica:

“Las bombas no cambian objetivos; cambian la política. Mientras caen las bombas tendemos a enfocarnos en el éxito táctico del bombardeo. En la era de las bombas inteligentes ya no nos preguntamos si dieron en el blanco, porque la tecnología asegura que los objetivos se cumplan. Pero el problema no es solo el hardware ni el lanzamiento de una bomba; se trata de política. Cuando empiezan a caer las bombas, la política cambia tanto en el enemigo como en el atacante. Ese umbral es el comienzo de lo que llamo la trampa de la escalada”.

Es importante no olvidar que este conflicto tiene un origen político: evitar que Irán construya una bomba nuclear. Sin embargo, Estados Unidos parece haber perdido de vista el objetivo principal, que es localizar el uranio enriquecido que Irán tendría almacenado.

Según el profesor Pape, hacia mayo de 2026 Irán tenía capacidad para producir hasta dieciséis bombas nucleares, aunque ese proceso podría tomar varios meses. El problema es que ahora no se sabe dónde se encuentra ese material, ni en qué parte del territorio iraní —que es casi un 25 % más grande que Perú— podría estar distribuido.

Según el académico estadounidense:

“Estamos cayendo en una trampa que nosotros mismos creamos. La consecuencia es que estamos perdiendo el control de la situación, y lo que vemos con el presidente Trump es un intento de recuperarlo. Perder el control significa no saber dónde está ese material nuclear”.

Imágenes captadas por satélites civiles habrían mostrado movimientos inusuales de camiones en plantas de enriquecimiento de uranio, trasladando material dos días antes del ataque realizado en junio del año pasado.

Según declaraciones del propio presidente Trump, el gobierno estadounidense ya habría destruido las plantas de enriquecimiento de uranio en Irán el año pasado. Sin embargo, surge una pregunta inevitable: ¿qué estaba negociando entonces el gobierno de Estados Unidos con Irán en Omán en febrero de 2026?

Esto parecería mostrar una contradicción entre la narrativa de que el objetivo ya se había alcanzado y la realidad de las negociaciones diplomáticas.

Según relata el profesor Pape, el 27 de febrero, aproximadamente a las 3:15 de la tarde, hora de Washington, Trump tomó la decisión de atacar. En ese momento había sobre la mesa un acuerdo con Irán que incluso podía ser mejor que el firmado en 2015 por el presidente Barack Obama.

Aunque no era un acuerdo perfecto, permitía seguir negociando nuevas exigencias. Trump tenía la opción de alcanzar un acuerdo ese mismo viernes por la tarde, pero decidió no hacerlo y optó por una estrategia de cambio de régimen en Irán.

Según información reservada, el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu habría comunicado al presidente estadounidense que estaba listo para eliminar al ayatolá Ali Jamenei y a su círculo cercano. Ante esa posibilidad, Trump habría decidido abandonar las negociaciones y atacar conjuntamente con Israel, aparentemente persuadido por el gobierno israelí, que no estaba de acuerdo con el acuerdo que Washington negociaba con Teherán.

Hoy las señales de peligro están en todas partes.

La resistencia del régimen iraní demuestra que, si bien Estados Unidos posee una enorme superioridad militar, la experiencia reciente con los hutíes de Yemen demuestra los límites del poder militar. A pesar de haber sido bombardeados por fuerzas de Arabia Saudita, Reino Unido y Estados Unidos, estos grupos continúan lanzando drones y misiles, hundiendo o capturando embarcaciones en el Mar Rojo y el Golfo de Adén desde finales de 2023.

La República Islámica de Irán tiene una población de aproximadamente 92 millones de habitantes y cuenta con cerca de un millón de hombres armados dentro de la Guardia Revolucionaria Islámica. De ellos, alrededor de 200 mil, conocidos como Guardianes de la Revolución, constituyen la fuerza más agresiva y mejor entrenada del régimen.

Como advierte Pape, un éxito táctico no necesariamente significa un éxito estratégico. Si el material nuclear ya fue trasladado, el enemigo podría conservar aquello que precisamente se intentaba eliminar.

En apenas dos semanas se ha evidenciado esta pérdida de control estratégico: el cierre por parte de Irán del Estrecho de Ormuz, uno de los principales cuellos de botella para la exportación mundial de petróleo, ha generado una de las mayores crisis energéticas recientes. Como consecuencia, el precio del barril ha alcanzado los 120 dólares, afectando a la economía global.

Conclusión

La historia ha demostrado que muchas guerras iniciadas por Estados Unidos han terminado siendo conflictos prolongados y costosos, con grandes pérdidas humanas y enormes gastos presupuestarios. Con excepción de su intervención tras el Ataque a Pearl Harbor durante la Segunda Guerra Mundial, conflictos como la Guerra de Vietnam, la Guerra de Corea, la Guerra de Irak y la Guerra de Afganistán terminaron con Estados Unidos retirándose sin haber alcanzado plenamente sus objetivos políticos o militares.

El presidente Donald Trump podría estar siguiendo ese mismo camino. La escalada militar parece haber desplazado el verdadero objetivo: evitar que Irán desarrolle una bomba nuclear.

Si observamos su personalidad —marcada por la competitividad, el liderazgo dominante y una fuerte tendencia a romper reglas— Trump podría terminar siendo recordado como otro presidente cuyo legado quedó marcado por una guerra prolongada.

Finalmente, coincido con las declaraciones del Canciller alemán Friedrich Merz, aunque aún no sabemos cuál será la posición de Bruselas, “Alemania aboga por un esfuerzo conjunto con los países del Golfo para encontrar una solución diplomática al conflicto”

Y es que la Unión Europea, es uno de los actores más afectados por la crisis energética, acercándose el próximo invierno donde el consumo de gas se multiplica, sumado a que el continente ya tiene un problema de estancamiento económico, justamente debido a los altos costos de la energía como producto a las sanciones económicas impuestas al consumo del petróleo y gas ruso desde la guerra de Ucrania. 

Este artículo fue escrito hace unas semanas atrás casi al inicio de la guerra, muchas cosas han cambiado desde ese corto tiempo, lo único constante debe ser la búsqueda de la paz, hoy el gobierno de Pakistán ha tomado la responsabilidad de mediador en el conflicto, mientras existe aún un peligro latente que vuelva a estallar el conflicto, y lo que añade el profesor Pape es que la conjunción de Rusia, China y ahora Irán están cambiando los contrapesos de la geopolítica actual,

Finalmente creo que el distanciamiento de los Estados Unidos con la Unión Europea es un error estratégico, porque es una alianza que a ambos lados del Atlántico los beneficia, esperemos que las heridas no hayan sido tan profundas y que la desconfianza surgida no haya afectado el mantenimiento de esta estratégica unión occidental.

Redactor: Jorge Villarreal Álvarez